Smart Cities para Smart People

Cuando se piensa en qué es una Smart City, muchas veces vienen a la cabeza imágenes de sensores por todos lados, apps, tecnología punta, digitalización, una ciudad interconectada  mediante redes y puntos WIFI…Incluso los más fanáticos de George Orwell y su 1984 se imaginan una ciudad inteligente con un “ser supremo” que la controla. No andan mal encaminados. Sin embargo, algo se está escapando, algo falta. Algo que es verdaderamente sustancial.

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Fuente: The Open Data Insitute (https://theodi.org/smart-cities)

Una pista. Un ejercicio fácil. Cual juego de las 7 diferencias, se alienta al lector a buscar en Internet imágenes que respondan a las palabras Smart Cities, y que detecte eso que falta. ¿No se echa nada de menos en esas “ciudades del futuro”?

Aparecen muchas imágenes de urbes futurísticas construidas con un material que parece titanio, con redes inalámbricas y miles de dispositivos.  Otras instantáneas muestran ciudades  verdes que subrayan que son ecológicas, eficientes  a la par de inteligentes. Todo muy bonito. El problema radica en que en no muchas aparecen personas. Tan simple y tan sumamente importante a la vez. ¿Y qué son las ciudades sin personas? Nada.

Todo esto conduce a afirmar, que hoy en día se tiene un concepto desvirtuado de lo que son las Smart Cities.  No son la tecnología, por la tecnología, si no la tecnología al servicio de los ciudadanos.  Muchas veces se  pierde el rumbo  y se vanagloria en paradigmas de ciudades del siglo XXV, pero no se tienen que separar los pies del suelo. Se debe asegurar la practicidad de la tecnología y no olvidar que el diseño de las futuras urbes, debe perseguir el único objetivo principal de: mejorar la calidad de vida de sus vecinos.

Esto no significa una crítica o una negación de los beneficios que ha traído el boom digital. Sería absurdo hacerlo. Gracias a la tecnología hoy se hace tangible un futuro del que nunca antes se había ni osado soñar. Un futuro que, al mismo tiempo, no está tan lejos. La tecnología ha abierto infinitas puertas. (Bueno, puertas, ventanas, ventanales y todo  objeto con bisagras articulado para abrir y cerrarse).  Tal es así que, ha transformado tanto las ciudades como la manera de vivir de las personas. Permite estar conectados  a las personas de todo el mundo, ha cambiado los modelos de negocio, ha propiciado la globalización y el impulso del emprendimiento…. También, en materia social ha permitido lo que se conoce como gobierno participativo con la utilización del Open data. En la movilidad, ha transformado la gestión del transporte público, del aparcamiento, del uso de las bicicletas…y en sostenibilidad y medioambiente, ha traído consigo el nuevo modelo de generación y distribución inteligente de energía Smart Energy Grid, entre otras muchas cosas. En pocas palabras, la tecnología ha transformado el tablero de juego.

Las ventajas que ha traído la revolución digital son innegables. Podrían darse mil y un razones en mil y un artículos más. Lo que debe quedar claro es que esta tecnología se queda en tecnología, valga la redundancia, sin las personas. En otras palabras, lo que hace inteligente a las ciudades no son los sensores, ni el WiFi, ni las apps… si no lo que las personas pueden hacer con ello.  Se debe quitar el protagonismo a la tecnología y devolvérselo a su dueño legítimo, las personas. La tecnología sin las personas se queda vacía, sin sentido. Por ello, se deberá utilizar la tecnología en función de las necesidades de cada población como herramienta para solucionar su problemática concreta, en vez de instalar la misma tecnología en todas las ciudades sin atender a sus peculiaridades y esperar o pretender que la gente se amolde a ella.

Como conclusión, solo recalcar  dos ideas. Por un lado, entre todos se debe cambiar el concepto de Smart Cities que se ha ido creando. Un ideal que no sea frio como el titanio, que tenga esa calidez humana. Que no se enfoque tanto en instalar  sensores a diestro y siniestro, si no que se ponga el acento en las personas, en mejorar su bienestar. Además de eso, se debe  hacer ver  a las personas las posibilidades que brinda la tecnología,  el verdadero potencial y el papel clave que pueden jugar cada uno de los vecinos en la ciudad. Es decir, se debe educar a las personas para conseguir que sean Smart People, como eje vertebrador y núcleo alrededor del cual diseñar las urbes del futuro.

Autores: Ainhoa Garmedia y Jon Mayor (Enerlis)

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